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¿Es el Coaching una moda pasajera?
 

carta a nosotros mismos

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Atrás quedó otra Navidad. Unas fiestas navideñas más, en la que todos hemos pedido a Santa Claus o al Año Nuevo o a los Reyes Magos nuestros mejores deseos para nosotros mismos, para los seres queridos y hasta para la humanidad en general.

Ya todos andamos absorbidos por nuestra vorágine del día a día y con nuestra rutinas cotidianas. Seguramente no recordamos las palabras cargadas de buenas intenciones que decíamos a seres queridos, conocidos e incluso a extraños, durante las celebraciones navideñas.

Durante los fiestas pasadas, en algún medio comunicación seguramente escuchamos o leímos alguna carta emotiva con motivo de la navidad, el año nuevo o la celebración del día de reyes. Se pedían con hermosas y bien intencionadas palabras, un mundo mejor, un planeta más habitable, una sociedad más solidaria...

¿Pero qué es lo que nos ocurre cuanto pasan las fiestas navideñas? ¿a dónde van a parar todas esas buenas intenciones? ¿quizá eran todas falsa? indudablemente no somos tan malas personas y tan insensibles.

¿Se han planteado alguna vez que quizá todos esos deseos y cartas con buenas intenciones llevan unos destinatarios equivocados? Pedimos paz. ¿Dejamos de estar en constante lucha con los que nos rodean? Deseamos que haya más amor. ¿No dejamos querer? ¿Amamos a los demás?

Expresamos deseos de solidaridad y cooperación. ¿Apartamos el egoísmo de nuestra vidas, abrazando la generosidad? Deseamos que el mundo sea mejor. ¿Estamos dispuestos a esforzarnos por ser mejores personas?

Quizá deberíamos escribirnos una carta a nosotros mismos, expresando que esperamos y deseamos de nosotros en el año que acaba de comenzar. Qué compromisos adquirimos hacia nosotros, con nuestro seres queridos, con las personas que nos rodean y con la sociedad en general.

Una vez escrita la carta, podrías guardarla en tu mesita de noche y de vez en cuando, no tiene porque ser cada noche, poder leerla...no nos podemos engañar a nosotros mismos, ni hacernos trampa al solitario del juego que es la vida...

Todavía estamos a tiempo, ¿por qué no escribes tu carta?

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